24 de abril de 2010

Cómo hablar



No creas ni una de las palabras que pronuncio, son sólo sonidos efímeros que se deshacen en el aire.

No creas en mis textos, pues mis palabras son sólo un conjunto de signos expuestos sobre una página en blanco.

No creas en mis invitaciones a soñar, ni siquiera en mis mensajes de esperanza, ni cuándo te comparo con la brisa fresca de primavera ni con la fuerza del mar.

No creas en la poesia que yo pueda escribir, porque la poesía en sí no palpita, sólo sabe de versos.

La poesía no es más que un espejo difuso y vacío en el que alguien reflejó su existencia.

Por eso te insisto y te digo que uses tu habilidad para dudar de todo lo que te digo, porque el lenguaje fue creado por el hombre para tratar temas que se le escapan...

Por eso es mejor que creas en mis manos cuando te tocan, de forma indefinible.

Cree a mis besos y a mis ojos cuando te miran, más allá de lo que pueda ser expresado en palabras y, sobre todo, cree en mi pecho que se agita como un huracán cada vez que tu estás cerca.